Confía en Dios

Durante una noche de diciembre, llena de la alegría, esperanza y encanto que lo caracteriza, conocí a quién hoy llamo esposo. Mejor amigo, confidente, complemento y amor de mi vida. De eso hace ya tres años. Verlo por primera vez despertó en mi corazón un radiante sentimiento de amor. Al mirar a atrás, ambos recordamos el dónde, el cuándo y el porqué. Ambos iluminados. Ambos decididos. Ambos en la mejor etapa de nuestra vida. Sé que nuestra unión no fue por casualidad. El cómo puede ser cuestionable para muchos pero en este siglo, nada de sorprendente. No sé con exactitud cuantos matrimonios se han conocido por internet pero nosotros nos sumamos a esa estadística.  Fueron seis meses de conversaciones tras un teclado y el buzón de Facebook como testigo.

Aquella noche de diciembre entregamos nuestra relación a Dios. Desde ese día, cada noche antes de dormir y después de las largas conversaciones telefónicas, juntos orábamos a Dios que cumpliera en nosotros según su voluntad el propósito de nuestra unión. Ambos con corazones que habían sido reconstruidos por Él, entramos en una relación de noviazgo que podemos describir como asombrosa y fascinante. En muchos aspectos una increíble utopía. Él, perfecto para mi y yo, perfecta para él.

Los primeros tres meses de nuestra relación fueron como el final de una película de Disney. Sin duda alguna fueron tres meses de volar entre nubes y mariposas. Nosotros nos amamos desde el primer día. Desde el momento en que nuestras miradas se encontraron, despertó el amor y ya nunca más lo pudimos apagar.

Recuerdo una conversación con una conocida con quién compartía de manera cotidiana durante aquella época mágica. Ella solía repetirme una y otra vez: "Carolina ten cuidado. Cuando caigan de esa nube se van a dar duro. Esa relación no va a durar. ¡Ustedes son muy diferentes! Yo apuesto a que no duran ni tres meses."

¿Qué harías tu si en medio de uno de los momentos más resplandecientes de tu vida se acerca el enemigo a opacarlo?

Muchos apostaron a que no duraríamos... Y sí tesoro, caímos de la nube. Esos próximos meses luchamos contra viento y marea para que nuestra relación se mantuviera en pie. Pero aun en medio de nuestras peores circunstancias, habíamos desde un principio declarado una palabra creyendo en que un propósito mucho más grande que nosotros nos había unido.

Carolina y David
Carolina y David

Fueron muchas las particularidades que pusieron a prueba nuestra relación. Antes de casarnos, el día en que nos casamos, después de casarnos... Las incalculables presiones sociales que nos exhortaron a creer que para lograr grandes cosas o para que Dios nos usara teníamos que tener grandes currículos y haber adquirido gigantes conquistas. En el proceso olvidamos que Dios busca vasijas rotas, corazones humildes dispuestos a obedecer. Y es justamente en ese proceso en que entendimos que no nos quedaba de otra que poner nuestra plena confianza en Dios. Solo así seríamos transformados y prosperados en cuerpo, alma y espíritu.

En múltiples ocasiones me han preguntado cuál ha sido la clave para permanecer unidos en matrimonio. Puedo decir que hay muchas cualidades, valores y características importantes que sostienen una relación pero hay tres en específicas que considero las más importantes:

1. La oración ya que es el secreto básico y más valioso para tener un matrimonio victorioso.

2. El amor ya que es el lugar de descanso donde diariamente el esposo y la esposa pueden reposar.

3. El perdón ya que es la bendición más elevada de poder y amor.

Hoy mientras escribo recuerdo y mientras recuerdo me río. Le doy gracias a Dios porque su pacto de amor y fidelidad fue más que suficiente. A penas comenzamos a escribir nuestra historia, pero seguiremos confiando y declarando el propósito, favor y unción de Dios sobre nuestro matrimonio y familia. ¡Como lo hicimos desde el primer día! A tres años de habernos conocido y un año y medio de matrimonio, puedo decir que definitivamente que hasta aquí nos ha traído su fidelidad. 

"Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.Dios aceptó a nuestros antepasados porque ellos confiaron en él.Y nosotros creemos que Dios creó el universo con una sola orden suya. Lo que ahora vemos fue hecho de cosas que no podían verse." (Hebreos 11:1-3) 

Cuando confiamos en Dios se trata menos de nosotros y más de Dios. No nos conformamos. Empezamos a actuar en amor y en justicia. Rectificamos. Perdonamos. Esperamos lo mejor. Damos el beneficio de la duda. Nos gozamos en la tribulación. Porque confiamos en que recibiremos lo prometido. Pues el plan de Dios siempre será mucho mejor que el nuestro.