Este es el reto.

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La persistencia nos lleva a la consistencia. Existe una relación muy estrecha entre amar a Dios y vivir de acuerdo a sus mandamientos. Cuando tomamos la decisión de amar a Dios y estudiar su palabra se produce en nosotras un deseo genuino de obedecer sus enseñanzas. La base de la vida cristiana es guardar la palabra de Dios en el corazón y en la mente, así como Él mandó a su pueblo en el tiempo de Moises.

Amar a Dios con todo el corazón, con todo el alma y con todas las fuerzas produce obediencia. (Deuteronomio 6). Cuando atamos este principio a todas las áreas de nuestra vida, nos preparamos para enfrentar las pruebas que se levantan en nuestro diario vivir.

Una de las maneras más simples de hacer esto es establecer un patrón de tiempo y estudio diario de Su palabra. (Y esto, es lo más "tricky"). Permanecer diariamente fieles al tiempo de Dios es un reto.

Te pregunto ¿Es Dios importante para ti? ¿Es su palabra importante para ti?

De ser así, (y para mi ambas preguntas son un sí rotundo) debo y debemos sacar un tiempo íntimo y personal con Dios. Esa debe ser la prioridad de cada día. No importa si escoges el día o la noche, lo importante es persistir cada día hasta ser consistentes. (Si un día fallas, recupéralo al día siguiente. Creemos en un Dios es un Dios de amor y misericordia. Él no te va a condenar por que faltes uno, dos o tres días cariño.) Lo importante es recuperar el tiempo con Dios.

Si ya tienes la hora, lo que falta es encontrar el lugar. Libre de distracciones donde puedas conectarte a Él.

¿Qué puedes hacer durante ese tiempo a solas con Dios?

Como en cualquier relación, el balance es una parte vital y súper esencial. No podemos sentarnos a leer 5 horas de la palabra sin antes orar. Recuerda que la palabra fue escrita por revelación del Espíritu de la verdad. Ora unos minutos antes de tu cita con Dios. Pídele que sea tu guía durante ese tiempo. Ora, lee, toma notas de lo que Dios te dice a través de su palabra. Luego ora en respuesta a la palabra: confiesa, agradece, alaba, has peticiones e intercede.

Sé persistente hasta que seas consistente. La meta debe ser la consistencia, y no la cantidad. La clave es comenzar con unos minutos diarios en vez de largos periodos devocionales cada ciertos días.

Enfócate. Enfócate en la Persona con la que te vas a encontrar. El enfoque es mejor que el hábito.

Cuando hacemos una cita con una persona que admiramos, no permitimos que nada ni nadie se interponga. Una cita con Dios es así o aun más importante. Él te ha creado para que te encuentres con él.